En los sex shops se encuentran los clásicos juguetes sexuales. Pero existen otros, menos conocidos y muy consumidos: los jabones eróticos. Para bañarse acompañado.
He aquí dos asuntos que le quitan el sueño a los exigidos posmodernos: el sexo y el trabajo. Y un tercero: el aburrimiento que flota sobre ambos.
El primero quizá sea el único espacio para el juego reservado al adulto. Así que en ese campo todo vale, las reglas las pone uno y, si quiere, también las rompe. Por eso, ante el aburrimiento sexual siempre queda cambiar el juego (o el compañero, pero ese es otro tema) y es sabido que sus mejores aliados son los juguetes. Juguetes eróticos, en este caso.
Con el trabajo, la cosa no es tan sencilla. Cambiar de empleo se complica sobre todo si uno habita en un país afectado por una crisis económica. La opción válida para espíritus audaces con ganas de arriesgar es el microemprendimiento. La crisis y el hastío que signan sexo y trabajo obligan a agudizar el ingenio. Y hay quienes resolvieron ambos dilemas en la fabricación de un producto barato que apuesta a la diversión: ¡jabones eróticos! (ahora es el momento en que te preguntás cómo no se te ocurrió antes).
Los hay con formas de genitales masculinos, femeninos, de torsos, de lolas. Los hay con aroma a café, vainilla, frutilla, almendra. También los hay en color piel, azul intenso, verde de ensueño, rojo pasión. Casi todo lo que la imaginación permite para hacer más intensa la rutina del baño y trasladar los rounds de cariño de la cama a la ducha, es posible de ser conseguido porque también se hacen por pedido, a gusto y piacere.
Contrariamente a lo que el imaginario popular podría suponer sobre el consumidor de estos elementos de limpieza “cachonda”, es un target de 25 a 45 años, clase media y estilo “tranqui”. “No los consume ‘gente rara’. Se los llevan mucho como souvenir para despedidas de soltero o cumpleaños”, agrega. Conclusión dos: combatir crisis y hastío no es excéntrico, es necesario (y este es el momento en que te preguntás si no será hora de hacerte un poco el loco).
A la hora de describir al comprador, podemos decir que: “Por lo general el que compra no lo hace en forma directa. Hace un tiempo vino una chica pidiendo uno con forma de escarpines. Cuando entró en confianza me dijo: ‘yo en realidad el que quiero es el otro’, y el otro era un pene. También los llevan mucho el público gay, al que le gusta hacer este tipo de regalos a su pareja, o gente que los compra sólo para divertirse. Una chica me ha comprado ocho penes de más de veinte centímetros para distribuir el día del amigo entre sus compañeros de oficina”.
Los precios van de 1 dólar a 4,50 por unidad, o en packs y canastas que cuestan de 5.50 a 19 dólares. La forma de adquirirlos es fundamentalmente por Internet, desde donde se pueden pautar envíos a domicilio contrareembolso. El ingenio agudizado por la crisis y el hastío redunda en diversión de bajo costo (y ha llegado el momento en que te estás preguntando a quién vas a invitar mañana a que te frote la espalda… ¡con ese jaboncito que te acabás de comprar!).
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